La razón científica de por qué el sexo resulta tan placentero


Tenemos la cabeza llena de pensamientos respecto al sexo la mayor parte del tiempo.


Esta afirmación podría parecer chocante y extremista, pero es una realidad. En 2010, el científico inglés de la Universidad de Harvard, Daniel Gilbert, demostró en un estudio que el 92 % de la gente prefiere el sexo a hacer ejercicio (77 %) o charlar (71 %). Esto se debe al grado de placer que se experimenta cuando se tiene contacto físico con una persona y lo que conlleva el sexo: el proceso de seducción, el deleite físico que se obtiene mediante la observación de un cuerpo desnudo y el infinito placer que se tiene al experimentar un orgasmo , “la pequeña muerte”, como lo denominan los franceses.
¿Qué ocurre en el cuerpo que hace que constantemente volteemos nuestra vista hacia el sexo ? La denominada ciencia del orgasmo, explica que el placer se lleva a cabo en tres etapas bien establecidas que resultan en la satisfacción física y mental de los individuos:

1. La irrupción del deseo
La amígdala del cerebro se activa cuando una mujer o un hombre se sienten atraídos sexualmente por otro individuo. Esta activación tiene como objetivo provocar la excitación de los genitales y llevar a una pareja a consumar su deseo mutuo.  

2. La satisfacción del impulso
En esta segunda etapa, entra en funcionamiento la sustancia neurotransmisora del deseo, la famosa y polémica dopamina. Anjan Chatterjee, autor del libro “The Aesthetic Brain: How We Evolved to Desire Beauty and Enjoy Art” (Oxford University Press) afirma: «la dopamina nos ayuda a anticipar el sexo, pero en sí misma, no causa el intenso pico de placer sexual».

3. La consagración del deseo
Durante el orgasmo, en el cerebro ocurren una serie de reacciones encargadas de proporcionar la sensación de gozo absoluto en el organismo. Así como se activan varias zonas cerebrales, también se desactivan otras, eso es a lo que los franceses se refieren con “la pequeña muerte”, el desvanecimiento físico que ocurre después de sentir un orgasmo. Posterior a éste, el cerebro recibe un fuerte rocío de oxitocina, betaendorfinas y prolactina, esta última sustancia es la encargada de los impulsos de saciedad, la misma que se activa una vez que hemos comido.

Poco después de que el humano comenzara a caminar erguido, el orgasmo no existía. Las hembras no experimentaban placer después de una cópula con su pareja: una vez consumado el acto, se erguían y continuaban con sus tareas cotidianas de recolección, lo que provocaba que los embarazos no se dieran con tanta frecuencia debido a que el semen resbalaba hacia el exterior de la vagina. Entonces la naturaleza ideó un mecanismo que las dejara extenuadas tras el sexo y que permitiera que la simiente masculina quedara alojada más tiempo en su interior: el orgasmo.
Nuestro cuerpo por naturaleza está predispuesto a sentir placer al máximo grado. En el caso de las mujeres, ¿cómo no iban a sentir una explosión de satisfacción sexual si su clítoris está compuesto por cerca de 8 mil terminaciones nerviosas estimuladas durante el acto erótico? Estas terminaciones están a su vez conectadas a la espina dorsal, dando como resultado una ola vertiginosa de sensaciones plenas. El cerebro recibe estas señales de placer para desembocar en todo el proceso ya señalado anteriormente.

Tanto para las mujeres como para los hombres, el cerebro reacciona de idéntica manera ante los estímulos sexuales: la corteza orbitofrontal, ubicada detrás del ojo izquierdo y encargada del control de la razón, se apaga por completo. ¿A qué nos lleva esto? A abandonarnos por completo y sin remedio cuando el orgasmo irrumpe en el cuerpo, a perder la razón, literalmente. Esa sensación de que nada nos pertenece y de que el mundo desaparece a nuestro alrededor responde a reacciones ocurridas en esa gran maquinaria que es el cerebro: el universo de todos nuestros pensamientos y placeres.  
La razón por la que acudimos una y otra vez al sexo corresponde al infinito placer que la naturaleza nos ha regalado como pretexto para que la especie se propague por todos los rincones del planeta. Es tal la fuerza y la magnitud en nuestras vidas que, en la actualidad, se ha convertido en un negocio que busca incitar al público a satisfacer sus necesidades físicas y de consumismo. De ahí han nacido el cine porno o los juguetes eróticos, que son una manera de llevar nuestras ansias orgásmicas por territorios que satisfagan nuestra curiosidad.

Marta Arasanz, psicóloga española especialista en sexología, afirma: «La sexualidad impuesta en generaciones pasadas era exclusivamente reproductiva, el sexo existía en función de la fertilidad y por ello el coito era su máxima expresión. Ahora se ha comenzado a entender el sexo como una búsqueda del placer y de la satisfacción personal, como un encuentro en el que se da y se recibe, como un lenguaje de comunicación entre las personas».

Conoce en este momento la fascinante “Historia del clítoris: sexualidad, placer y tabúes del misterio más grande de una mujer”  y las diferentes “Formas en las que una relación puede cambiar nuestro cerebro” .
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Referencias
El Confidencial El Español Diario Sur Eroski Consumer
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