Hablemos de...

Ciclón de 1959   Por…

Vivía yo en Tenamaxtlán con todas las carencias de un pueblo ya que no teníamos teléfono sólo se contaba con una pequeña planta de luz que surtía de energía eléctrica de las 8 de la noche a las 6 de la mañana y nada más. Un buen día y era precisamente el día 27 de octubre de 1959 me fui por los medios que pude por la brecha hacia la intersección de la carretera que aún existe sólo que ya pavimentada y que llega hasta Cihuatlán pasando por Casimiro Castillo, La Huerta y finalmente la costa de Jalisco.

Aprovechando que pasaba un camión pasajero de segunda, logré abordarlo con instrucciones de bajarme en la antigua Resolana y ahí me encontré un compañero que ya se me había adelantado y anduvimos un poco desorientados ya que no encontrábamos quien nos pudiera dar noticias exactas de lo que pasaba porque toda la gente estaba azorada; en esas andábamos cuando llega una camioneta de la Secretaría buscándonos y sin más explicaciones nos subieron a ella y nos llevaron rumbo a la playa de lo que ahora se llama Ángeles de Tenacatita, en ese tiempo no había ni carretera ni luz, sólo unas cuantas casas de algunos funcionarios que fueron los que empezaron a colonizar esa parte y una de ellas fue puesta a nuestra disposición y nos dedicamos a descansar en catres de campaña.

Salimos a caminar un poco ya por la noche y veíamos aquello lóbrego, la tragedia ya había pasado, o sea, ya era el día 28. Al día siguiente nos repartimos por diferentes poblados con objeto de ofrecer nuestros servicios mediante un plan bien concebido y de momento empezamos a hacer evaluaciones de las pérdidas materiales de los sembrados tradicionales como son las palmeras y hasta sembradíos de plátano; todas destruidas, la gente lloraba y daba gracias al cielo por estar vivo. Nos fuimos adentrando más rumbo a Manzanillo y a medida que caminábamos el problema era mayor, la tragedia era superlativa ¿qué podíamos hacer? lamentablemente muy poco, no llevábamos equipo necesario solamente nuestra buena voluntad que tenía poco valor en esas circunstancias y como no fuera llorar con ellos porque la verdad es que nos vencieron nuestro estado de ánimo observar tanta tragedia, tanta destrucción.

No alcanzamos a llegar a Manzanillo porque nos ordenaron que no teníamos instrucciones de acercarnos puesto que ya era otra entidad federativa y nosotros sólo podíamos actuar en el estado de Jalisco, aún así nos distribuimos por todos los pueblos de Marabasco, aclarando que muchas de las instalaciones que hoy existen en ese tiempo ni por asomo siquiera las había. Y así anduvimos algunos días auxiliando a descargar aviones militares de carga que ya llegaban con ayuda humanitaria y algunos tal vez menos fuertes que nosotros quisieron salir de ese cúmulo de tragedias y solicitaron que los aviones los sacaran de ahí puesto que se volvían vacíos.

Las noticias malas se difunden rápido y nos llegaban desde luego dos muy graves, de cientos de muertos que hubo en la bahía de Manzanillo unos por efectos del ciclón, otros hasta por piquete de alacrán puesto que al subir el nivel del agua la gente también lo hace pero también hacen lo mismo los animales ponzoñosos y ahí venía la tragedia, muchos de ellos eran picados y era imposible poder auxiliarlos.

Para Minatitlán llegó una parte de la historia en que aún en la actualidad se considera el antes y después del ciclón del 59, así se le conoce entre la juventud y entre quienes subsistieron y que a pesar de haber perdido a tanto ser querido se sobrepusieron a ese drama y volvieron a rehacer su pueblo en el mismo lugar. Hasta después se dieron cuenta que de acuerdo a estudios hay señales que cuando menos ya ha habido en dos ocasiones avalanchas como las que sepultó a tanta gente entre agua y lodo pero aún así el arraigo a sus tradiciones no quisieron abandonar a sus muertos y nuevamente están luchando ante las circunstancias sólo que ahora con mejores armas que en el pasado porque en esa época, recordemos que el aislamiento de la población era casi total, la carretera que hoy conocemos y que en unos cuantos minutos se llega de Villa de Álvarez a la cabecera municipal está en perfectas condiciones siempre, en esa época no existía, había que hacer el recorrido a caballo con duración de unas doce horas; sólo les quedaba la opción de ocurrir a Manzanillo por una brecha llena de sinuosidades, que además puso en la civilización los poblados por donde pasaba esa vía que construyó el gobernador González Lugo.

Ese es el triste recuerdo que tengo de esos lugares en que sacamos valor y fuerzas de donde se pudo para tratar de ayudar a tanta persona; no hubo ni siquiera la oportunidad de que nos dieran las gracias; cuando terminamos nuestra labor cada quien tomamos nuestro camión de segunda clase rumbo a la capital tapatía y nos iban dejando por el camino y yo fui uno de ellos, me bajaron en la carretera en la brecha que llevaba al pueblo y ahí me esperé hasta que un camión de carga me recogió y lleno de pesadumbre volví con mi estado de ánimo tan bajo que ni siquiera tenía yo fuerzas morales para narrar todo lo que había visto. Tengo muy presente que un señor llamado Manuel González me hizo que le contara lo que había vivido y después de escucharme me dijo con mucho respeto «Dios se lo pague ingeniero». Es lo único que yo recibí.

A 57 años de distancia no se borran de mi mente las escenas dantescas y eso que no estuve donde fue el ojo del huracán. Curiosamente en la parte alta excepto Minatitlán, no se sintieron los efectos de ese tremendo fenómeno siendo éste el más castigado por una avalancha que sepultó a 300 personas de las 1,000 que se contabilizaron y que sus deudos siguen recordándolos. El presidente municipal de Minatitlán ordenó que los cuerpos se sepultaran donde fueran encontrados para evitar una epidemia, el presidente de Manzanillo fue desconocido por haber tomado fondos del municipio para ayudar a la gente desvalida.





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